Noviembre 21, 2022 Noticias

Experiencia Profesoras San José

“ME OBLIGÓ A ABRIR LOS OJOS Y EL CORAZÓN PARA DEJARME PENETRAR POR EL AMOR DE DIOS”

En esas mismas fechas, buscando vivir una experiencia de encuentro con Dios, profundizando en su Palabra, trabajo y oración, en la comunidad y en la naturaleza, tres profesoras del Colegio San Anselmo vivieron su experiencia en la Casa Santa Hilda.

Claudia González, profesora de música, comparte con nosotros: “Gabriela Mistral escribió que toda naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco…” siento que eso fue precisamente lo que marcó mi experiencia en Santa Hilda. Una naturaleza abrumadora que me obligó a abrir los ojos y el corazón para dejarme penetrar por el amor de Dios. La creación entera que me llamaba de madrugada para participar de las oraciones cantadas, de la escrutada con el sonido del viento como cortina, y de los cinco cachorros amorosos de la adorable Chigua que me esperó para prestármelos esos días.

En Santa Hilda experimenté el amor de Padre, el cariño de una comunidad que me repetía en el oído que Dios me ama y que solo espera de mí que le ame también y, sobre todo, que sea capaz de devolver al mundo lo que Él me regaló en la vida.

Nunca imaginé que me hablaría de la Doctrina Social de la Iglesia, de mi rol evangelizador y de mi posición en el mundo para hacerlo mejor, el mismo desafío que aprendí de niña en el movimiento Scout, “dejar el mundo mejor que como lo encontré”. Llegué a la Patagonia pensado en que se me revelarían las respuestas que yo necesitaba, como si Dios dependiera de mi pensamiento, (¡yo y mi pequeñez!). En cambio, sentí el amor de un Cristo que me decía desde la Cruz que no vino hasta acá para inmolarse pensando en ser mi peón, sino por el contrario, un Padre que con sabiduría sabe ponerme en jaque para poder ser una mejor persona, para obligarme a crecer y mostrarme que la comunidad no es solo mi entorno cercano.  A ti, Dios padre omnipotente, te pido, ayúdame a no olvidar todo lo aprendido y a tener el impulso para crear y cumplir los desafíos a los que me sentí llamada en la ahora para mí, muy querida casa Santa Hilda”.