“Fui forastero y me acogisteis” (Mt 26, 35). Este versículo del Evangelio no es sólo una invitación, es un llamado concreto a vivir lo que creemos. En la Hospedería Santa Francisca Romana, la acogida se vuelve real cada día. Mujeres que han vivido el abandono, la violencia y la soledad, cruzan su puerta buscando algo más que un techo: buscan dignidad, escucha y una oportunidad para volver a empezar.
Esta obra no se sostiene sola. Necesita de una comunidad viva, comprometida y disponible. Y en ese llamado, la Rama de Adultos tiene un lugar fundamental.
Pamela Saavedra, promesada y encargada, nos comparte: “Desde nuestro carisma benedictino, estamos invitados a acoger como Cristo, a salir de nosotros mismos y reconocerlo en el otro, especialmente en el más vulnerable. No es sólo un acto de servicio: es una experiencia espiritual profunda que nos transforma. Hoy queremos invitarlos a dar un paso concreto. Esta es una oportunidad para movilizarnos como comunidades, comprometiéndonos activamente. No basta con mirar desde lejos. Esta misión nos necesita presentes”.
Hace una invitación a “involucrarse con decisión: ser puente, ser voz, ser apoyo. Que cada comunidad pueda preguntarse: ¿cómo estamos respondiendo a este llamado? Porque cuando acogemos juntos, Cristo se hace presente. Y cuando respondemos como comunidad, la esperanza se vuelve concreta”.