Al cumplirse un cuarto de siglo de la presencia del Movimiento Manquehue en la Patagonia, la comunidad celebró junto a los vecinos, principalmente de Mallín Grande y de Puerto Guadal, y a sus familias, la vida que el Señor ha regalado a la comunidad y la gracia de compartir con todos ellos el don de la amistad.
De la comunidad de San José nos cuentan: “Esta celebración no solo fue un hito en el calendario, sino un verdadero hacernos conscientes de este ‘año de gracia’ en el que nos encontramos para renovar nuestra vocación y para dar gracias por la historia que hemos construido juntos. Por eso, el sábado 10 de octubre, día precioso, abrimos las puertas de San José para recibir a nuestros vecinos en un día dedicado a compartir la oración, la convivencia y la alegría de sabernos amigos en Cristo.
Cerca del mediodía, nos congregamos en el lugar de asados para rezar la Hora Intermedia. Fue un momento de profunda intimidad donde compartimos un eco de la lectura breve en grupos y escribimos en unos banderines, las acciones de gracias que en ese momento quisimos elevar al Señor. Fue muy emocionante escuchar a tantos vecinos expresar en voz alta su gratitud por estos 25 años de fecunda amistad que Dios ha ido cultivando en la cuenca del Lago General Carrera.
Antes de almorzar se recitaron unas décimas preparadas especialmente para bendecir los alimentos. A continuación, disfrutamos de un asado, acompañado de mates y trivias. Se formaron cuatro equipos entre todos, con el nombre de las Casas San Beda, Santa Hilda, San Agustín y San Cutberto, y la tarde continuó con competencias para todas las edades. La alegría se apoderó de todos durante las carreras de sacos, con la papa en la cuchara, desafiando los neumáticos, y también de los diestros con el lazo.
Lo sorprendente de todo fue que los premios eran palillos y ovillos de lana que las expertas tejedoras convirtieron rápidamente en cuadraditos de lana canjeables por el puntaje para sus equipos. Hubo lugar para todos. Especialmente para la cantidad de niños que desde temprano estuvieron animándonos a todos.
El cierre estuvo marcado por la tradición patagona. Los propios vecinos sacaron sus guitarras y acordeones para compartir canciones y animar el baile, extendiendo la celebración hasta el atardecer.
Mirar el camino recorrido durante estos 25 años nos confirma que San José es más que un lugar físico: es un espacio de encuentro, acogida y amistad duradera con la comunidad que nos rodea y que nos ha querido acoger y enseñar a vivir aquí a lo largo de estos 25 años.
Queremos compartir algunas de las acciones de gracias que aparecieron durante la celebración: “Gracias, Señor por la vida, por el día hermoso, por la familia, por la vocación, por la amistad, por la naturaleza, por estar acá, por mi relación cercana con las personas de San José, por la oportunidad de vivir acá, por los 25 años de San José, por tantas cosas que me has dado, por los nietos, por los hijos, por la misión de cada uno, por cómo nos hablas en cada cosa, por la vida lo bueno lo malo y todo, por darnos oídos para escucharte y reconocerte, por el amor que nos das todos los días, porque mi familia está bien y que estemos todos juntos, por estar vivos, por estar de aniversario, por rezar, por la salud de mis niños, por los espacios y los momentos, porque vinimos todos, por los elementos que nos acompañan, por el compartir, por el celebrar, por los alimentos, por la primavera, por la presencia, por un nuevo día, por la misión, por la compañía y por encontrarme con la gente que me hace feliz, gracias por darme un lugar de sanación y salvación, por los vecinos, por estar todos prendidos, por mi comunidad de Puerto Guadal, por la tranquilidad, por el aire limpio, por esta región, por este mundo y por mi historia en San José”.