Inspirados por el lema “El Espíritu es el que da vida” (2Co 3, 6), JJM Hombres vivió un retiro de un fin de semana en El Sauce, Leyda. Alejandro Grohnert (B99), encargado, comparte: “Pudimos comprobarlo en el gozo de compartir en el carisma, especialmente en las relaciones de tutoría y en la oración en torno a la Palabra, con motivaciones y charlas que nos ayudaron a discernir cómo actúa el Espíritu en el interior de cada uno de nosotros, y cómo el carisma de Manquehue nos ayuda a madurar en ese discernimiento”.
Pascual Soza (B23): “este retiro fue una gran experiencia para dejarme abandonar al Espíritu y para volver a Él. Llevaba mucho tiempo perdido en las cosas del mundo, y esta pausa me sirvió mucho para renovarme interiormente y volver a centrarme en lo importante”.
Alan Indo (L23), de la comunidad San Elredo: “El retiro comenzó con una fuerte lluvia y mucho frío, en el bus con dirección a Leyda. Una vez allí, la acogida y oración te envuelven en un cálido abrazo. El tema principal del retiro era el Espíritu, tema complicado y misterioso para muchos, pero mientras iba avanzando el retiro, nos dábamos cuenta que todos lo hemos sentido. Era una comunidad de diecisiete hombres comprometidos con el silencio y el retiro espiritual. Cada actividad era enfocada en dejar de lado la ajetreada vida de la ciudad y volver a lo más importante, la lectio, el Espíritu, y la voluntad de Dios. La noche del primer día subimos a una cruz un poco más arriba de dónde estaba la casa de retiro, la oscuridad, el olor a tierra húmeda, el silencio, la luz de la fogata y la buena compañía, hicieron de este momento, para mí, el mejor del retiro. Poder ver las estrellas con claridad, caminar y sentirse casi ciego al caminar, me hizo darme cuenta cómo en mi día a día era igual… Caminaba sin ver donde pisaba pero con la conciencia plena de que el Espíritu guiaba mis pasos y se aseguraba de no dejarme caer”.
Nicolás Matamala (A20), de la comunidad San Gregorio: “El retiro en Leyda fue un gran regalo de Dios. Me llegó muchísimo la manera de aproximarnos al Espíritu Santo. Él es el que me guía en la relación con Cristo, hace que la Palabra de Dios trascienda y tenga un efecto en mí. Pero, sobre todo, a través de Él es que Dios y Jesús vienen a hacer morada conmigo. Ciertamente, muchas veces me es difícil confiar en el Espíritu, porque no lo veo o elijo no considerar lo que me propone. Sin embargo, esa relación invisible a los ojos del mundo es la que Dios ha elegido tener conmigo, y es la mejor que pudiésemos tener. Yo no sé por qué, pero Él sabe, y eso es lo que importa. Me quedé con un versículo de los Salmos: “Feliz el hombre a quien educas, Yahvé, aquel a quien instruyes en tu ley” (Sal 94, 12)”.