Acompañadas de Gigi Blumer, oblata, jefas de Ramas e integrantes del equipo de la Hospedería Santa Francisca Romana, estuvieron entre el 11 y el lunes 17 de noviembre compartiendo con la Casa Santa Hilda.
Gigi Blumer, oblata, nos cuenta: “En este año Jubilar, y en el año en que cumplo 25 años de oblación, tuve la gran oportunidad de acompañar a Bernardita Reyes, jefa de la Rama de Mujeres de San Benito; Jessica Sáez, jefa de la Rama de Mujeres de San Lorenzo; Pamela Saavedra, directora ejecutiva de la Hospedería Santa Francisca Romana, y Carmen Segura, responsable de la Hospedería Santa Francisca Romana, en un retiro en la Casa de Santa Hilda para vivir una inmersión profunda en la espiritualidad manquehuina.
Fue un tiempo de profundo encuentro con Cristo a través de su Palabra en la lectio diaria, de un ritmo sencillamente marcado por la oración de la Liturgia de las Horas, del gozo de la vida comunitaria y de nuestras diversos trabajos en el campo y en el Puesto de San Agustín.
Siendo un grupo diverso, pero unido por una misión común, el desarrollo de la comunidad se dio de manera natural, fácil y alegre. La amistad floreció entre todas, con la mirada puesta en Cristo y buscando ser “una en Él” (Ga 3, 28). Fue también una oportunidad para conocer la historia y los orígenes de nuestro Movimiento, profundizar en nuestro carisma: ser laico, eclesial y benedictino, y trabajar con la Regla de San Benito, aprendiendo cómo acompañar y servir según los capítulos sobre el Abad.
La generosidad de las oblatas de Santa Hilda nos conmovió profundamente: abrieron su casa y sus corazones para acogernos con alegría, disponibilidad y una sabiduría honda. Los días pasaron rápido y quedamos con ganas de volver a nuestras comunidades manquehuinas para poner en práctica lo vivido.
¡Qué regalo es nuestra comunidad, y qué don tenemos para compartir lo más esencial de la vida: el amor de Dios! No hay excepción de personas: “no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer” (cf Ga 3, 28); todos pueden recibir y vivir nuestra espiritualidad, porque “somos uno en Cristo” y anhelamos gozar de “días felices” y vivir en la eternidad (cf RB P 15)”.