Bajo este lema se realizó, en la Casa de Espiritualidad Santa Teresa de los Andes, Auco, el retiro de JJM mujeres, buscando volver a la Palabra, gozar la Liturgia de las Horas al ritmo del coro de los ángeles y celebrar la fe. El himno “Alza la mirada”, de la visita del papa León a España, marcó mucho el retiro.
Fue realmente un gozar la fe desde un grupo de mujeres que tienen ‘Sed de lo infinito’. Comparten su testimonio:
Florencia Hüe (B24): “Para mí, fueron días de profunda comunidad y paz, donde pude ver muy reflejadamente a Dios en la comunidad que se formó: en instancias como el Oficio Divino, la Adoración al Santísimo, las personas que estábamos ahí y los testimonios. Fue un espacio de encuentro y reflexión, en donde pude volver a Dios. Pude detenerme, salir un poco de la rutina y abrirme a escuchar lo que Dios quería decirme. Me quedo con las ganas de seguir buscando estos espacios de encuentro con Él y con los demás”.
Constanza Azúa (L22): “Este retiro fue para mí un encuentro no sólo con Dios, sino también con una comunidad que reza, comparte y busca mantener vivo un mismo fuego. Viví este encuentro a través de las lecturas, las conversaciones, la música y guitarreos, que hicieron que la fe se viviera de una manera muy cercana y alegre.
Me quedo, especialmente, con la certeza de que hay un fuego dentro de mí que no siempre sé explicar, pero que siento profundamente y que me guía hacia donde Dios me invita a estar. Este fin de semana sentí nuevamente su invitación a reconocerme como hija suya y a confiar en ese fuego, y, como dice san Alberto Hurtado, este es un fuego que enciende a otros. Por eso, espero que cada vez sean más los jóvenes que se acerquen, que se lancen al vacío y se incendien de fe y gozo. Me quedo con la frase de san Agustín que dice: “Exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti”.
Laura Bordagorry (A24): “Se me dio la oportunidad de ir a este retiro y la verdad es que valió 100% la pena. Pude desconectarme de la rutina por un fin de semana y encontrarme personalmente con Dios. Se formó una comunidad muy bacán, y pude profundizar mucho en mi encuentro personal con Cristo. Volví muy feliz, llena de corazón y me hizo plenamente consciente de que soy hija amada de Dios”.