Las Vísperas Generales del lunes 1 estuvieron centradas en la misión y la evangelización.
En la Comunidad de San Benito, se pidió a Francisca Plaza (B94), exalumna que trabaja en el Colegio, y a Elena De la Cuadra, alumna de IV medio, que compartieran una experiencia de misión evangelizadora significativa del último tiempo y cómo impacta esto en su vida de fe.
Francisca compartió su experiencia como tutora acompañando a un grupo de educadores a San José: “Los espacios diarios de lectio divina fueron marcando nuestra experiencia y de a poco fueron tocando el corazón de todos los que estábamos ahí. Para mí lo más conmovedor de todo fue confirmar una vez más que Dios es el único que nos salva, pude ver cómo en esos días de comunidad, acogida y escucha de la Palabra, cada uno fue transformando su mirada. Juan es el discípulo amado de Dios, no porque lo hayan querido más sino porque él tomó plena consciencia del amor que Dios le tiene, desde ahí va cambiando su vida. Siento que eso es lo que vi allá. Ser testigo de cómo esta experiencia ilumina la vocación de educador es lo que quedó grabado a fuego en el corazón, me da un sentido renovado de misión y me motiva para mi vida y mi trabajo”.
Elena compartió su experiencia de servicio en Chiloé en diciembre pasado: “Fue una experiencia muy significativa y tuvo un gran impacto en mi vida de fe ya que fuimos capaces de ser instrumentos de Dios en este proyecto nuevo, de ponernos en marcha y expandir esta misión de servicio. Nuestros días en esta isla fueron muy variados, gente y actividades nuevas todos los días, pero lo que se mantuvo siempre constante en nuestra rutina fue rezar el Oficio en comunidad todos los días, y al convertirse en un hábito alimentó nuestro propósito en común. También misionamos, y el compartir la Palabra con la gente local generó vínculos entre desconocidos con Dios en el medio, una experiencia que no conocía y nunca había vivido, y la cual me asombró bastante. También tuvo un gran impacto en mí ir a Fazenda, una casa de acogida para gente en rehabilitación, donde pudimos compartir una Adoración al Santísimo, conocer a estas mujeres y compartir con ellas nuestras historias de vida, ellas me recordaron lo maravilloso de reconocer a Dios como un salvador y un renovador, y que en Él todo se transforma y siempre puede volver a surgir”.
En la Comunidad de San Lorenzo se celebraron los 16 años de la Casa Santa Escolástica. Alexandra Díaz nos comparte: “Tuvimos la alegría de contar con una casa llena, acompañados por estudiantes, apoderados, profesores, voluntarias, exfuncionarios, exalumnos y muchas personas que han sido parte de esta hermosa historia. Fue una celebración cargada de oración, testimonios, emociones y reencuentros, pero, sobre todo, de profundo agradecimiento por este gran proyecto que ha acompañado a nuestra comunidad durante ya 16 años en nuestro colegio. Al finalizar, compartimos juntos un fraterno ágape, disfrutando de un momento de encuentro y celebración en comunidad”.
Esteban González (L23), Tutor CSE y actual jefe scout CSL: “A veces pienso que el día tiene muy pocas horas para todo lo que quiero hacer, pero siempre tengo tiempo en mi semana para ir una tarde a la Santa y ayudar en lo que sea, o simplemente para saludar. Hay veces en que mis compañeras de la universidad me preguntan qué hago en las tardes o por qué sigo yendo a mi colegio. Cuando les explico a qué voy a la Santa Escolástica, siempre hacen la misma pregunta: “¿Y te pagan por eso?”. Y yo respondo que sí, pero no con dinero, sino con las risas de los niños o, a veces, con una buena siesta en el sillón de la Santa”.
Moises Chaparro, payador y tallerista voluntario en la CSE, hizo su testimonio en décimas.
Guardamos en la memoria
Los momentos de verdad,
Donde la felicidad
Es luz reivindicatoria.
Me presento en este día
Soy Moisés el payador,
De este suelo un servidor
Cantando con alegría.
Aquí en la escuela soy guía
Cantando a Dios y su gloria,
En mi alma quedó una historia
Escrita por estos años,
Con llanto que en los peldaños
Guardamos en la memoria.
Con guitarra y guitarrón
Busco que el niño se sienta,
Seguro en esta tormenta
Con amor de corazón.
El taller es la estación
Donde hay seguridad,
Y se entiende en realidad
Que el menor es lo primero;
Sembrando en su semillero
Los momentos de verdad.
Nueve años han pasado
Veo la casa crecer,
Cumplir muy bien su deber
en este suelo sagrado.
Desde un tiempo ya alejado
Sala San Juan de bondad,
Nos diste fraternidad
Hasta este nuevo palacio,
Llegan a este hermoso espacio
Donde la felicidad.
En la sonrisa inocente
En el abrazo sincero,
He visto al Dios verdadero
Que se encuentra aquí presente.
Al cantar, toda la gente
Descubre aquí una victoria,
Un talento con euforia
Que en su pecho ya florece;
Y el cariño que les crece
Es luz reivindicatoria.
Despedida:
Ya me voy a despedir
Con mi canto natural,
De este espacio tan vital
Que a los niños ve vivir.
El colegio ve surgir
El futuro bien formado,
Hoy el salvador sagrado
Nos bendice en alta voz,
¡Por eso que sea Dios
Por siempre glorificado!
En la Comunidad de San Anselmo, Gasán Bittar (A22) invitó a ser “luz del mundo”, que implica ser valiente en el anuncio del Evangelio; atreverse a hablar de Dios. Es incomodarse; “El mundo te ofrece comodidad, pero tú no fuiste creado para la comodidad. Fuiste creado para la grandeza”, dice Benedicto XVI. Y a esa grandeza llegamos si navegamos contracorriente; si sobrepasamos las incomodidades y las vergüenzas que conllevarán hablar de Él”. A “ser misionero, significa responder diariamente al envío que nos hace el Señor, a ir y hacer discípulos a todas las gentes. Conscientes de que es Su misión la que llevamos a cabo, inspirados por el Espíritu Santo que nos compartió (y que celebramos en Pentecostés hace un par de semanas), sabiendo que Él está con nosotros, todos los días hasta el fin del mundo, acompañándonos y guiándonos en la misión”.
Invitó a pensar a cada uno ¿cómo puedo ser más misionero? “Me gustaría proponer dos formas de ser más misioneros, dar testimonio y ser tutores: “el cristiano es discípulo y es misionero. Y para ser misioneros y misioneras, desde mi corta experiencia, aconsejaría dar testimonio con valentía y hacer tutoría, tutoría de verdad, con la Palabra de por medio.
Y esta misión de misioneros y evangelizadores se vive en todos lados: en la universidad, en la familia, con los amigos, acá en el colegio, donde sea. Porque en todos lados hay personas, «quienquiera que sean», que se afanan «por llegar a la patria celestial», como dice san Benito, es decir, que buscan a Dios o tienen sed de Él, sépanlo o no. Es por esto que esta misión es urgente, porque esto cambia vidas; en esto se juega la vida, la tuya y la del otro.
Finalizó “no tenemos por qué ser los mejores oradores, ni tener una personalidad extrovertida, ni ser ‘religioso’ o sacerdote, para llevar a cabo esta misión. Porque esta misión no es nuestra, ¡es de Dios! Y su Espíritu nos va a dar todo lo que necesitemos para llevarla a cabo. Sólo hay que abandonarse, abrirse, dejarse mover, dejarse tocar, dejar que actúe y actuar según lo que nos mande. Porque, como dice san Pablo, “llevamos este tesoro en recipientes de barro, para que se vea claramente que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros” (2Co 4, 7).