Durante el primer semestre de este año, Daniel Vaccaro, exalumno colegio San Luis de Alba, Nicolás Uribe (A25), Ignacia Larenas (A23) y Antonia Délano (A24), tuvieron la oportunidad de vivir durante cuatro meses en las comunidades de las casas San Beda y Santa Hilda en San José. Experimentaron la vida comunitaria de oración, de lectio, de trabajo y acogida de los distintos retiros y experiencias. Comparten con nosotros Antonia e Ignacia.
Antonia Délano (A24): “Intentar contener todo lo vivido en estas líneas se me hace un poco difícil, pero valiéndome de este espacio para compartir, sólo quisiera decir que vivir estos meses en San José ha sido de los mayores regalos que Dios ha puesto en mi vida. Para mí, esta experiencia fue un renacer en espíritu y, en verdad, en amor y en amistad, y todo desde el reconocerme amada profundamente por Cristo. Este Nombre se reveló ante mis ojos durante estos meses en San José, y es que antes sólo de oídas lo conocía. Y fue este mismo Nombre el que afianzó mis pasos en el camino de la fe. Mi corazón fue traspasado por el amor de Cristo compartido con la comunidad. Gracias Dios porque en esta experiencia, más que darme respuestas, abriste puertas, y más que aclarar los pensamientos de mi cabeza, me amaste con muchísima más fuerza”.
Ignacia Larenas: “Sinceramente no sé cómo puedo resumir mi experiencia de cuatro meses en San José, sólo tengo la certeza de que es una experiencia donde realmente pude reconocer el amor de Dios, ya sea a través de la comunidad Santa Hilda, de San José y también de toda la gente de Guadal. Para mí fue una experiencia donde pude descubrir Su presencia en el lugar, en la naturaleza, en el trabajo, en la oración cantada y personal. Por último, lo más importante fue tener la certeza de su presencia real en la Palabra misma, conocer más a Jesús y permitirle más espacio en mi vida, reconociendo que Su cruz gloriosa es la única forma en la que puedo salvarme”.