Durante este verano, entre el 1 y 10 de febrero, por segundo año se llevaron a cabo misiones familiares en el litoral norte de la Región de Aysén, en Puerto Gala las familias Gazmuri Quiroga y Tupper Ossa; a Puerto Gaviota las familias Lira Ortúzar y Pino Leiva.
Alejandra Ossa comparte: “Llegamos a Puerto Gala a las 02:30, en una noche oscura. Por dentro, no estaba claro tampoco: había cansancio, temores, resistencias. Pero sabiendo que veníamos para buscar a Dios en todo, y con cosas urgentes que resolver antes del corte de luz – acostar niños, inflar colchones- las sensaciones fueron olvidadas.
Gala no es una isla: es un pequeño archipiélago que da abrigo natural a los barcos. No hay calles, hay pasarelas que conectan casas construidas sobre rocas que caen al mar. En Gala no hay autos, hay botes. En Gala hay un motor que da electricidad a algunas horas, coordinado con la barcaza que, a veces, llega dos veces a la semana.
Gala surgió como campamento temporal de pesca donde un sacerdote, el padre Ronchi, dejó una marca profunda organizando a la comunidad. En Gala se trabaja mucho. La pesca no es romanticismo: el que no trabaja, no come. Hay harta soledad. Aparece el alcohol, la droga.
Nadie nació aquí, y casi todos tienen dos casas: una en Gala, donde pasan largos meses; otra en el continente, donde están sus raíces y familias. Cuando acaban sus cuotas de pesca, se van. Pero vuelven pronto, porque reconocen no saber vivir sin el mar.
La invitación vino de la Iglesia de Aysén a la comunidad manquehuina de San José.
El Espíritu actuó distinto en cada uno: un impulso claro a venir, en unos; resistencias que atravesar en otros. Todos dejamos de sobrepensar, hicimos una lista de tareas y avanzamos. Pedimos perdón a los hijos que habían imaginado otro verano.
El horario se veía simple: desayuno, Laudes, misión, almuerzo, misión, Vísperas, comida, vida comunitaria y Completas. Intentar adaptar la espiritualidad manquehuina a la vida familiar sigue siendo un desafío. La oración, y todo, está lleno de interrupciones: juegos, peleas, risas, llantos. Intentamos terminar cada actividad lo mejor posible.
Salimos casa a casa. La lata y desconfianza, las mismas mías, si alguien me toca el timbre para hablarme de Dios, aparecen. La puerta se cierra, después se entreabre, luego se abre más. Empiezan las historias: alegrías, pérdidas, viajes, hijos. Entramos en sus corazones y ellos, en los nuestros. Muchos pidieron bendiciones para casas o barcos. Algunos hablaban con el “Barbudo” o el “Flaco” “que murió por nosotros”, en una relación directa, sin institucionalidad. Algunos eran evangélicos. Pocos no querían nada.
A mitad de semana, lo inesperado: Semana Galense 2026. Todo Gala estaba en las actividades familiares. Biblia en mano nos unimos a carreras de saco, de kayak, de nado, bingo, sillitas musicales, en categorías niños y adultos. Algunos participamos por acompañar, otros, la plana menor, solo querían ganar. Entre competencias, nos fuimos conociendo de otra manera. La misión también pasaba por reírnos juntos.
Hubo otros momentos. Salimos a ver ballenas. Vimos muchas. Fuimos a Playa Bonita, donde compartimos con familias que también habían ido por el día. Una noche, unos jóvenes nos invitaron a tomar mate y comer papas fritas en la plaza —plaza/pasarela—. Terminamos cantando Completas bajo un cielo estrellado.
Un día nos visitó el obispo junto a Manuel José. Celebramos la misa como si fuera domingo, aunque no lo fuera.
Entre cuentos de pesca, turnos de semanero y Oficio Divino, fuimos viendo cómo la misión no era llevar algo que faltaba, sino abrir espacios para que el Espíritu actuara en nosotros, y en la gente de Gala, y nos permitió reconocer que la alabanza ya estaba allí.
Gala es un lugar donde no abundan los espejos. Tal vez por eso uno se mira menos, y aprende a mirar más.
Volvimos agradecidos. A la Iglesia de Aysén, por la invitación. A la comunidad de San José por acompañarnos. A quienes nos abrieron sus casas. Y al Espíritu, que nos llevó allá para mostrarnos que la creación entera está bendiciendo al Señor. Nosotros, por una semana, simplemente nos sumamos”.