Mt 4, 25–5, 12
Motivación
Hoy el Evangelio nos indica un itinerario hacia la verdadera felicidad, a vivir en Cristo, a vivir la misma vida de Cristo, vivir como Él vivió. A iluminar nuestras las acciones a la luz de Cristo.
Lectura
“Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.
Viendo a la muchedumbre, subió al monte, se sentó. Sus discípulos se le. Y tomando la palabra, les enseñaba así:
«Bienaventurados los pobres de espíritu, por de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los humildes, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque ellos son el Reino de los Cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan, y cuando por mi causa os acusen en falso de toda clase de males. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”.
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿A qué que me llama hoy Jesús concretamente?
¿Cómo puedo hacer vida las bienaventuranzas?
Lc 2, 22-40
Motivación
Hoy en que celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, el Evangelio nos invita a estar atentos a las manifestaciones del Señor en nuestra vida, en nuestro día a día.
Lectura
“Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción – ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo estoy atento a las manifestaciones de Dios en mi vida?
¿Cómo veo su acción salvadora en el día a día?
Mc 5, 21-43
Motivación
“Hija tu fe te ha salvado…”es la respuesta de Jesús a nuestras dudas o contradicciones. Nos llama tener fe, a poner nuestra confianza en que solo Él nos salva, nos da vida y nos sana.
Lectura
“Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.» Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.
Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar, aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.» Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ` ¿Quién me ha tocado?’» Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»
Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» Jesús, que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.» Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer”.
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿De qué necesito ser sanado hoy?
¿Cómo está mi fe en la presencia del Señor en mi vida?
¿De qué manera le presento a Jesús mis enfermedades para que actúe?
Mc 6, 1-6
Motivación
El Evangelio de hoy nos llama a abrir “el oído del corazón” (RB 1,1) para que el Señor pueda obrar en nosotros.
Lectura
“Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.» Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo escucho hoy la Palabra de Dios?
¿Cómo puedo dejar que el Señor obre milagros en mí?
Mc 6, 7-13
Motivación
El Señor nos invita hoy a vivir y a anunciar la Buena Nueva, a no buscar seguridades, sino poniendo sólo en Él nuestra confianza.
Lectura
Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: “Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.” Y les dijo: “Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.”
Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo estoy viviendo la Buena Nueva? ¿Dónde creo que tengo que anunciarla?
¿Qué me frena? ¿A qué me aferro?
Mc 6, 14-29
Motivación
El Evangelio de hoy nos llama a anunciar la verdad, a tener la valentía de dar testimonio de nuestra fe.
Lectura
“Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.» Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas.» Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.» Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.» Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.» Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.» Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.» El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿En qué situaciones se me hace difícil anunciar la Buena Nueva?
¿Cómo puedo vivir cada día la verdad que proclama el Evangelio?
Mc 6, 30-34
Motivación
Jesús nos hace un llamado a escuchar Su Palabra, y a seguir sus enseñanzas.
Lectura
“Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. El, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo recibo las enseñanzas de Jesús?
¿Cómo puedo escuchar mejor lo que Jesús me anuncia?
Mt 5, 13-16
Motivación
Jesús nos invita a ser como la sal, que da sabor, que no se nota cuando está, pero sí cuando hace falta. También nos compara con una luz, llamándonos a iluminar con Su amor a quiénes nos rodean.
Lectura
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada fuera y pisoteada por la gente.»
«Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.»
Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, si no en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.
Brille así vuestra luz delante de la gente, para que vean vuestras buenas obras y alaben a vuestro Padre que está en los cielos.
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo estoy siendo como sal? ¿Luz?
¿Cómo estoy dando gloria a Dios con mi testimonio de fe?
Mc 6, 53-56
Motivación
El Evangelio nos llama una profunda fe en que Jesús nos salva, en la situación en que estemos; a poner a sus pies nuestras debilidades, nuestras dolencias dejando que Él actúe.
Lectura
“Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿En qué reconozco al Señor?
¿Cómo le presento mis debilidades y dolencias?
Mc 7, 1-13
Motivación
Hoy Jesús nos llama a convertir nuestro corazón, a dejar que la Palabra nos transforme, a no quedarnos en las formas o en el cumplimiento de la ley.
Lectura
“Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?». El les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.» Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. Pero vosotros decís: Si uno dice a su padre o a su madre: “Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán – es decir: ofrenda -“, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Qué siento que tengo que mostrarle al Señor para que Él lo convierta?
¿Cuán atento estoy al fariseo que llevo en el corazón?
Mc 7, 14-23
Motivación
Jesús nos llama a la pureza de corazón, a estar atentos a escuchar Su Palabra de Dios abiertos que nos cambie la mirada.
Lectura
“Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga.» Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: «¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» – así declaraba puros todos los alimentos -. Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo estar más atento a las intenciones de mi corazón?
¿Cómo dejo que el Señor vaya cambiando mi mirada?
Mc 7, 24-30
Motivación
Hoy el Evangelio nos llama a confiar en la acción de Dios, a presentarle nuestras preocupaciones o problemas y pedirle en oración que Él actúe.
Lectura
“Y partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.» Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.» El, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.» Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo está mi oración? ¿mi fe en la acción de Dios?
Mc 7, 31-37
Motivación
El Evangelio de hoy nos llama escuchar Su Palabra, a confiar que Jesús sana, a buscarlo con fe y esperanza porque Él es el único Salvador .
Lectura
“Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!» Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo está mi escucha de la Palabra?
¿Cómo pido a Jesús que me abra la mente y el corazón para escuchar Su Palabra?
Mc 8, 1-10
Motivación
Jesús nos conoce, nos mira con compasión, con amor, nos invita a poner lo que tenemos y Él hace el milagro, pero necesita nuestra fe y nuestra disposición
Lectura
“Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice: Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.» Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?» Él les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos le respondieron: «Siete.» Entonces él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos 4.000; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanutá.”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo está mi fe en su amor y su compasión? ¿Cómo los vivo?
¿cómo está mi confianza en que Jesús obra el milagro?
Mt 5, 17-37
Motivación
Hoy Jesús nos invita a la verdadera justicia, va más allá del mero cumplimiento de la ley, a vivir el amor, a dejar que el Señor convierta nuestro corazón en un corazón que ama, que es misericordioso, que está llamado a la reconciliación
Lectura
«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolirlos, sino a darles cumplimiento.» Os aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la Ley hasta que todo suceda. Por lo tanto, el que no de importancia a uno de estos mandamientos más pequeños y los enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.
«Porque os digo que, si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.
«Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás, pues el que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo que todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la Gehenna de fuego.
Entonces, si al momento de presentar tu ofrenda en el altar te acuerda de que tu hermano tiene algo contra ti,
deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano. Luego vuelves y presenta tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él de camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
«Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo que todo el que mira con deseo a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión tropiezo, sácatelo arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de topiezo, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene que se pierda uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo vaya a la Gehenna.
«También se dijo: Él repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. Pero yo les digo que todo aquel que repudia a su mujer- excepto en caso de unión ilegítima- la hace ser adúltera; y el que se casa con una repudiada, comete adulterio.
«Habéis oído que se dijo a vuestros antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pues yo os digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puede hacerla blanco o negro. Limitaos a decir: “Sí, sí”; “no, no”: lo que pasa de aquí proviene del Maligno.
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Cómo vivo hoy el mandamiento del amor?
¿Cómo me siento llamado a vivirlo?
Mc 8, 11-13
Motivación
El Evangelio de hoy nos invita a abrirnos a las manifestaciones del Señor, a no pedir señales, a confiar.
Lectura
“Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: «¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal.» Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.”
Preguntas
¿Qué me anuncia hoy el Evangelio?
¿Qué tipo de señales busco?
¿Cómo estoy atento a las manifestaciones del Señor?