Liderada este año 2025 por Jóvenes Manquehue hombres y presididas por el Fr Leo Maidlow-Davies OSB, de la Comunidad San Gregorio en Inglaterra, se realizaron las celebraciones del Triduo Pascual en El Sauce de Leyda.
Con la participación de varios jóvenes exalumnos, vecinos y miembros de la comunidad cristiana local, este año por tercera vez consecutiva se celebra la Semana Santa junto a la comunidad local de El Sauce.
Junto a la intensa preparación para cada una de las grandes liturgias propias del Triduo, los jóvenes participantes tuvieron un retiro de dos días y tres noches, que incluyó la participación en la Liturgia de la Horas, sesiones de lectio divina, charlas preparadas por Luz Cosmelli y José Manuel Eguiguren, visitas a vecinos para compartir la alegría de la Pascua, llevar la comunión y la acogida de niños por medio de un taller-catequesis sobre la Semana Santa.
Destacó la amplia participación de los vecinos en el Vía Crucis hacia la ermita de la Virgen del Cerro y en la Solemne Vigilia Pascual, con su Ágape Pascual.
Nicolás Matamala (A20), nos cuenta: “Lo que más me marcó fue la invitación que me hizo la Liturgia esos días a dos cosas: a recordar profundamente lo que Cristo vivió en su Pasión y Resurrección, y también el darme cuenta que la salvación de Cristo es hoy día para mí también. Fue muy fuerte detenerme en la idea de que a Cristo lo crucificaron, que me amó realmente hasta el extremo y que, al mismo tiempo, esa cruz es signo también de salvación hoy día para mí. Me quedé mucho con la idea de que la cruz no es una prueba que Dios pone en mi vida para medir mi fuerza o probar mi fe, es un medio que usa para estar conmigo. Me salva por medio de la cruz, aunque no lo entienda ni lo vea, porque viene de Dios y Él es la Vida. Dios sabe lo que hace, no se equivoca y cumple lo que promete. Me quedo con la siguiente lectura de Baruc: “Aprende dónde está la sensatez, dónde la fuerza, dónde la inteligencia, para aprender aún más, dónde la larga vida, dónde la luz de los ojos y la paz” (Ba 3, 14).
Luz Cosmelli nos cuenta: “Lo que más me gustó fue ver la disponibilidad, buena voluntad y espíritu de servicio entre los mismos jóvenes, entre los organizadores y los niños que participaron del retiro. Vi una relación fantástica y muy natural entre todos, donde algunos no se conocían, pero que fueron haciéndose amigos durante esos días. Quedé también muy impresionada y sorprendida de la cantidad y variedad de vecinos que participaron del Vía Crucis. Vimos una diversidad de personas muy grande, como es la Iglesia, y donde la oración y el canto, camino a cada estación, nos ayudó a ir desglosando el misterio del camino hacia el Calvario de Jesús. La sensación de caminar es bien impresionante porque, didáctica y pedagógicamente, te ayuda a ir abriendo el misterio. Una de las lecturas que más me llegó fue de Baruc: “Escucha, Israel, los mandamientos de vida, presta atención para aprender sensatez. ¿Por qué, Israel, vives en país enemigo, has envejecido en país extraño, te has contaminado con los muertos y te cuentan entre los habitantes del abismo? ¡Porque abandonaste la fuente de la sabiduría! Si hubieras seguido por el camino de Dios, vivirías en paz para siempre” (Ba 3, 9-13).
Inigo Grant, joven inglés que está viviendo su Gap Year, nos relata: “El Triduo Pascual en Leyda me hizo sentir como Pedro durante el lavatorio de pies: ansiaba más. La cercanía de los demás jóvenes fue especialmente gratificante, ya que todos estábamos allí por la misma razón: compartir la Resurrección de Cristo. De ahí surgió un entendimiento común que guió no sólo mi oración y reflexión durante el fin de semana, sino también mi conversación con los demás, muchos de los cuales no conocía. Los testimonios personales y conmovedores de Luz y José Manuel profundizaron este sentimiento de una profunda experiencia compartida y arrojaron mucha luz sobre el significado del discipulado y el servicio. Esta combinación especial de vivir, orar y escuchar juntos, centrada en ese misterio de la Pascua, realmente me despertó un anhelo de más. Por esto, me quedo con esa frase del apóstol san Pedro: “Le dijo entonces Simón Pedro: “Señor, no sólo los pies; también las manos y la cabeza” (Jn 13, 9).