Marzo 16, 2026 Patagonia

Misión del litoral

LA FAMILIA COMPLETA ES CAMPO DE MISIÓN

Entre el 1 y el 10 de febrero se realizaron las misiones en el litoral de Aysén, como publicamos en una edición anterior con el testimonio de Alejandra Ossa, y hoy, Nicolás Pino (L05), quien participó junto a su familia y la familia Lira Ortúzar en Puerto Gaviota, nos cuenta: ”Hace dos años ya que pensar en el verano, es pensar en Gaviota, es pensar en mi familia y la misión con los Lira-Ortúzar. Podría contar el viaje y todos los desafíos que tiene, pero todo queda pequeño y se olvida, por ver todo lo que se hace y el cariño que hay detrás de muchas personas que hacen posible la misión en el remoto punto de la Isla Magdalena.

Para mí, ir a Gaviota fue un resetear mi mirada de hacer misión, mis estructuras y aventurarme a algo que, a primera vista, no era posible porque están los niños que ‘podrían dificultar la misión’. Esa mentalidad que llevaba, poco a poco comenzó a desaparecer y comencé a darme cuenta que las únicas dificultades eran mis temores a hablar y preguntarles de Dios a las personas. Ahí descubrí que yo iba llevando a los misioneros y en verdad Dios actuaba en Gaviota por medio de las risas, peleas y la alegría que le daba a las personas cuando escuchaban a los niños persiguiendo a los gatos, haciendo preguntas a los pescadores, y poco a poco ellos eran la llave por el cuál desperté a la acción de Dios.

Misionar en familia, y con los Lira-Ortúzar, fue redescubrir el regalo que tengo, ver a mis hijos rezar, a veces con ganas y a veces sin, pero que en un momento cantaban antífonas o partes del Oficio. Es ahí donde descubrí que la familia completa es campo de misión, que los espejismos que tenía de otro tipo de misión iban desapareciendo porque la misión es un constante, que está dentro de la dinámica familiar, con el pago de las cuentas, con los reclamos, con las alegrías, con las mediaciones, con las salidas a conversar, y que en todo está la mano providente de Dios.

Volver por segunda vez fue sentir el amor de Dios, fue sentir el cariño de las personas que se hacen un tiempo, en medio de la pesca y la producción, para recibir a estos misioneros que alojan en un colegio, activan la capilla y conversan con las personas sobre Dios. Fue sentir el espíritu de la tutoría, que en una relación de acogida, Dios es anunciado y se van forjando vínculos”.