Este fue el lema de las Misiones Chelenko de este año y, sin duda, la providencia de Dios se manifestó con fuerza. Treinta misioneras y misioneros vivieron la experiencia de anunciar el Evangelio con alegría en la Patagonia: 19 mujeres en Puerto Guadal y 11 hombres en Cochrane, entre el 16 y el 28 de enero. Fueron días de profunda búsqueda, amistad, vida comunitaria, misión, talleres, oración, canto y tantas otras cosas que empaparon la experiencia, ayudándolos a ser verdaderamente discípulos misioneros.
Ramón Gimeno (A17), uno de los organizadores, nos cuenta: “El Espíritu sopló con fuerza en esos días, cultivando amistades en Guadal y creando nuevas y grandes relaciones en Cochrane. Pudimos experimentar la inmensa acogida de tantas personas que nos recibieron con los brazos y el corazón abiertos. Y, cuando queríamos anunciarles la Vida del Evangelio, resultó que con su testimonio valiente y sencillo fueron ellos quienes nos la anunciaron a nosotros. Volvimos de la misión tremendamente felices, y con muchas ganas de volver y de ser misioneros para siempre”.
Josefina Urrutia (A24): “Siendo ésta mi segunda experiencia en las Misiones Chelenko, me encontré con algo distinto, con un Dios vivo que me busca y va a mi encuentro. Lo vi en la comunidad de Guadal, siempre llena de cariño, con una búsqueda incesante de Dios y de fe sencilla. Una fe que me enseñó que no se necesita de grandes gestos ni milagros para sentir el amor de Dios, sino constancia para mantener el oído y corazón abierto a su Palabra y amor. Esta experiencia me regaló la oportunidad de conocerme a mí y al resto con Dios como centro, y ahí encontré un gran tesoro, que es la comunidad que se formó entre las mujeres. Una comunidad con un mismo espíritu, que con alegría, guitarreos y risas me dio la oportunidad de conocerlas individualmente de distintas formas, creando amistades nuevas y fortaleciendo otras”.
Felipe Cevasco (B23): ”Mi segunda experiencia en Chelenko fue bastante única, ya que, diferente a la primera, tuvimos que ir a Cochrane, en donde no conocíamos a quienes estábamos misionando. Esto permitió que me pudiera encontrar a Dios de una manera muy distinta y especial, hubo mucha gente que realmente estaba desconectada de la Iglesia y necesitaba de alguien que le mostrara la Palabra de Dios como algo más cercano. Con el éxito de nuestras misiones nuestro objetivo fue cumplido, haciendo que, para mí, esta oportunidad haya sido parte del plan de Dios que siempre tiene en mente”.