El lunes 6 de julio, las comunidades benedictinas de San Benito, San Lorenzo, San Anselmo y San José se reunieron, como comunidad, para celebrar en la oración de Vísperas a nuestro patrono san Benito. La reflexión estuvo a cargo de Carmen Larraín y Vicente Tagle (B03), oblatos. Se realizó también el envío a Trabajos, Misiones, scout y quienes van a la Carpa de Lectio de Maipú, para luego compartir en el ágape.
Carmen invitó a preguntarse: “¿Qué hace que una persona que vivió entre los años 480 y 547 esté tan presente entre nosotros, más de 1500 años después de su muerte? A mí eso me llega mucho, me habla de trascendencia de verdad, de Vida por años sin término, de infinitud, de permanencia, de grandeza, de Misión con mayúscula, de sentido de vida” …. “Pero tal vez lo más significativo para mí es ¿cómo lo hizo? Simplemente dejando atrás, huyendo diría yo, de lo que el mundo le ofrecía, sus seguridades económicas, los bienes de sus padres, los grupos de personas que frecuentaba y que, sin duda, quería. Sus ideas sobre el futuro, lo que la sociedad le imponía o le ofrecía, tal vez, dejó atrás algunos sueños que puede haber tenido, necesidades que cubrir, pensamientos propios, ideas preconcebidas, sueños de sus padres, etc. para adentrarse con una valentía impresionante en la búsqueda de la verdad” … “Escuchar, esto ha sido su gran legado para nosotros, hoy estamos aquí porque nos ha enseñado y nos sigue enseñando a escuchar. En un mundo que solo sabe escucharse a sí mismo y tener la última palabra en todo, san Benito nos pone en un camino de Escucha. Escuchar a Cristo Palabra, en la lectio divina. A cuántos de nosotros ha marcado con una manera tan particular y propia de encontrarnos con Jesús” … “La Palabra, que transforma y hace nuevo cada grupo, lo transforma en una comunidad que busca a Dios en fe y unidad, porque nos hace reconocernos hijos de un mismo Padre, nos transforma en una comunidad con propósito, con misión, con vocación. Escuchamos una Palabra que es tan fuerte y poderosa, que nos sobrepasa y nos hace querer compartirla en la tutoría. ¿No ha sido ésta nuestra propia experiencia?”
“San Benito a imagen de Cristo, que nos enseña a dirigirnos a Dios como Padre, muestra en su Regla, y con su vida, la importancia de hacernos y sabernos hijos. La importancia de confiar en un Padre, de descansar en un Padre, de sabernos hermanos en torno a un Padre. Es por esto que la figura del Abad para Benito es tan importante. El Abad, dice Benito, hace las veces de Cristo en el monasterio, entonces, es el que sirve a los hermanos, los congrega, los precede con sus enseñanzas y con su testimonio, los escucha, ama a cada cual como es, no haga discriminación de personas le dice al Abad, ame a todos por igual, amóldese a los caracteres más diversos, no gaste todo su tiempo en los asuntos terrenales, sino que ponga mayor atención a las del cielo, y llévelos a todos juntos hacia la Vida eterna”.
Luego Vicente recordó cómo llegó a nosotros el regalo de la Regla y la figura de Benito, y que nos ha dado nuestro espíritu marcadamente misionero. La primera visita a Ampleforth “fue la semilla primera de una relación de amistad y de un matrimonio de este grupo con el carisma benedictino. Semilla que creció, y cuyo árbol y frutos son visibles hoy en Manquehue. Este carisma nos llega de la llamada Congregación Benedictina Inglesa, que es una de las más antiguas del mundo, ya que se fundó con la llegada de san Agustín de Canterbury, enviado por el mismo papa Gregorio Magno, quien escribió la Vida de San Benito que leemos todos los días en Vísperas. El papa Gregorio, después de veinte años de la pascua de Benito, envía a san Agustin, quien desembarca al sur de Inglaterra, en donde, junto a un grupo de cuarenta monjes benedictinos, comienza a hacer misión, evangelizando a todos quienes no conocían la luz de Cristo”. “De este espíritu benedictino y misionero de esta comunidad de san Agustin, es de lo que está hecho el ADN de la congregación inglesa, sangre que corre también por las venas espirituales manquehuinas que nos regaló el Espíritu Santo”.
“¿Y cuál es ese estilo benedictino misionero? La Escucha de la Palabra, la Liturgia de las Horas, el Claustro con su orden y servicios, todo esto desde y en una comunidad, en la “Escuela de amor” de la que habla Basil Hume, donde aprendemos a amar como Cristo ama. En Manquehue, todo este derroche de gracias y dones del Espíritu se manifiesta en la tutoría, nuestra propia canción de evangelización en toda tierra donde nos encontramos”. “Esto es lo que muchos de ustedes concretamente realizarán la semana que viene, establecerán comunidades donde se vive intensamente la Regla de San Benito hoy, en el ritmo del Oficio Divino, la lectio, la vida comunitaria, la tutoría, en el servicio hacia la comunidad local, o en el servicio a los niños menores en las diferentes secciones scout. San Agustin ayer, y tú en esa escuela de trabajos, misiones, en ese campamento hoy. Parte de un solo impulso benedictino y misionero. Asombrémonos todos de los caminos de Dios y démosle gracias al Señor por permitirnos este privilegio de servirlo en este hermoso carisma comunitario que nos da tanta alegría y vida en Cristo”.