Centradas en el inicio de este tiempo de Adviento, se celebraron las últimas Vísperas Generales de este año 2025, en las distintas comunidades manquehuinas de Santiago
En la Comunidad Manquehuina de San Benito, Benjamín Escala (B21) invitó a reflexionar: “Vivimos preparándonos para cosas que se vienen en nuestras vidas, exámenes, proyectos del trabajo, PAES, fin de año, etc., y hoy como Iglesia también vivimos un tiempo de preparación, el Adviento” . Invitó a “dejar morir al hombre viejo y el hombre nuevo nace, el nacimiento de Jesús nos renueva el Espíritu para comenzar un nuevo año”. A despertar a la realidad de Dios, “Él ya está aquí, si no estas preparado vas muy tarde. Dios está en la naturaleza, en ti, en mí, está en todo. La realidad de Dios es hoy”. “Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila, valiéndose de todas sus armas” (Ef 6, 13). Tomemos las armas de Cristo para ser siempre mejor, servir al prójimo y así estar siempre listos para su segunda venida, LA GRAN VENIDA”.
En la Comunidad Manquehuina de San Lorenzo, Patrick Blumer, oblato, invitó a ver el Adviento como algo más de un período para predisponerse para el relato de María y José y el nacimiento de Jesús en Belén, es “una oportunidad anual para renovar y profundizar nuestra receptividad a una realidad que es, en verdad, constante: Emanuel – “Dios con nosotros”(Is 7,14). La Iglesia nos da este tiempo especial todos los años, pero ¿en qué consiste esta preparación o renovación? ¿Cómo estar ‘en vela’? De la misma manera que durante Adviento cantamos en laudes “Derramad cielos vuestro rocío, y los cielos lluevan su justicia”, ¿será que este es un tiempo, más que para robustecer los músculos espirituales, para imitar la tierra que al ser regada se deja ablandar para recibir la semilla y se vuelve fecunda? ¿Un tiempo no tanto para fortificar la fe con vigorosos ejercicios espirituales, sino simplemente para descansar en la presencia de Dios? Y ¿cómo descansar en Su presencia? Agradeciendo. En medio de la adversidad, hasta agradeciendo la adversidad misma. Podemos encontrar un modelo en María: enfrentando precariedad y considerables incertidumbres, es capaz de exclamar gozosa: “¡Ha hecho en mi favor cosas grandes!”, y abrirse a la acción de Dios, colaborando con ella en la medida que “medita estas cosas en su corazón”. Agradezcamos, entonces, TODO lo que ha sido este año, lo dulce y lo agraz, lo que reconocemos como éxito y lo que nos parece fracaso, lo que consideramos justo, o merecido, además de lo que nos parece todo lo contrario, porque, como María, “Mi espíritu se alegra con Dios mi Salvador” (Lc 1, 47).
En la Comunidad Manquehuina de San Anselmo, Mariana Echenique, oblata, invitó a reflexionar sobre este nuevo ciclo litúrgico que comenzamos: “Porque empezar un nuevo año litúrgico es una invitación a renovarnos en nuestra escucha de la Palabra; a volvernos al Dios que viene; a preparar nuestro corazón al Dios que nos espera con los brazos abiertos, como al hijo pródigo. Comenzar un nuevo tiempo, también es tiempo de dar gracias al Señor por todo lo vivido durante este año, lo que nos ha dado alegría, pero también dolor o contradicción”, dando gracias por muchas experiencias vivida, entre ellas “por este año del Jubileo de la Esperanza, que ya vamos terminando, que nos ha hecho mirar desde la esperanza nuestra vida, la de nuestra comunidad, de nuestras familias y de nuestro país. Por la vida y Pascua de Carlos Aguirre, promesado, y de José Miguel Navarro, Monato, quienes nos dejaron un legado de amistad y amor en Cristo”. Invitó a mantenerse despiertos, en vela, en este tiempo de Adviento, a preparar la venida de Cristo en su Palabra, en la comunidad y en nuestro interior, en medio de las agitaciones y preocupaciones de final de año, acogiendo la invitación de san Benito. “Levantémonos, pues, de una vez, que la escritura nos desvela diciendo: Ya es hora de despertarnos del sueño” (RB P8).